El insomnio que carcome mi cerebro en los minutos en que las neuronas deberían descansar es producido por una forma de ser viviente que controla cada rincón de mis días… el ser inanimado de la sociedad que he llegado a ser sólo funciona como un “piloto automático” que vaga por el sendero de las labores diarias, cumpliendo con lo necesario para pertenecer al mundo.
Tiempo, tiempo, más tiempo… eso es lo que se pide en momentos en los que necesitas zafarte de lo que no te sirve y te afecta; pero, cómo hacerlo con algo que ya es parte de tu respiración, cómo hacerlo con algo que se encuentra indeleble en tu mente desde el mismos momento en que tu conciencia pasa de ese estado de ilusión soñadora a la “realidad absoluta” (tu ausencia). Y es que navegar en un desierto de distracciones no es suficiente para evitar encontrarme en la distancia con ese fenómeno que sufre quien muere de sed en ese clima hostil y a quien la mente engaña ( de pronto me acerco a esa imagen que de inmediato hace que el fluido rojo que corre por mi cuerpo aumente su presión hasta el punto de expandir los conductos, mis pupilas se dilatan, mi pecho quiere estallar; disminuye la distancia entre lo que veo y mi presencia y empiezo a sentir cómo mis poros se ponen alerta para recibir esa esencia de mujer que me enloquece; a pocos metros visualizo ese toque de piel morena brillante que me envuelve, veo esos labios rojos y suaves que no han parado de obsesionarme. A centímetros de distancia intento tocarte de la manera más delicada posible y… ¡NOOOO!… ¡UN DESILUCIONANTE ESPEJISMO!) …
La misma sed, una y otra vez…
Una y otra vez…
Una vez alguien dijo “he experimentado de todo, y aseguro que nada es mejor que estar en los brazos de alguien que amas”. La madrugada del 31 de diciembre de 2010 entendí cada letra de esa frase, sin saber que podría ser el último día en el que te sentiría completamente mía.
Tal vez no me respondas como acostumbras, tal vez no vuelva a saber de ti, sin embargo, encuentro de esta manera la única forma de sacar ese sentimiento que a diario llevo en mi pecho y que no me ha dejado tranquilo en ningún momento; sólo así puedo sobrellevarlo.
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