Como cualquier día se encontraba lidiando con las pocas responsabilidades que a su vida enlistan en el tiempo, por su mente sólo una idea consumía cada espacio que se necesita para vivir y sin embargo esa idea era el factor nocivo de su existencia; siempre intentaba de alguna manera desprenderse por completo del poderoso polo opuesto que le atraía hasta encarnarse en sus arterias obteniendo resultados muy lejanos a los esperados porque entre más lo intentaba más se apoderaba de su humanidad. Hasta dónde llegaría para evitar ser aplastado por esa fuerza que en ocasiones le era difícil entender, que en espacios de tiempo lo llevaba al éxtasis de la plenitud y en momentos lo lanzaba al abismo del desconocimiento…
Ese día observó, detalló y analizó cada característica de la imagen que sus ojos por algún motivo avistaban con grandeza, en ella encontró elementos que daban significados concretos sobre lo que a su alrededor acontecía catapultando su capacidad de creación visual al estado más alto de inconciencia. La confusión y el desconcierto cortaron cada circuito lógico de sus neuronas, y lo que por jornadas extensas de temporalidad evitó aceptar tomaba más forma y sentido en ese preciso instante.
La decisión era sencilla, tener la suficiente capacidad de estado mental óptimo para tomar como verdad la situación y manifestar su comportamiento por el camino correcto, pero sus sentidos nunca aceptarían el camino correcto, sus sentidos estaban completamente arraigados a esa forma de sentimiento que él prometía mantener hasta el final de sus días.
Hoy la necesidad de explotar en letras cada sonido que su irracionalidad emana por cantidades lo ha llevado a mantener su elixir de la felicidad en estados de inspiración.
Letras, letras y letras que no entienden lo que su autor trata de contarles.
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